Nuestro DNI es nuestro yo

 

Nuestro DNI o yo
Fuente: http//PIXABAY.com Nuestro DNI o yo

El  DNI es nuestro yo

(Artículo subido dehttp:/evolucioninteligentesinfin.com)

Todo posee su DNI o yo

Todo posee su yo o DNI físico y energético ya sea en forma material, energética, psíquica o viviente.

Cada ser viviente posee su propio yo o DNI como vida, con lo cual también dispondrá de una energía propia que lo identifique.

No necesariamente se debe ser vida para poseer un DNI propio, o un yo.

Ya sea de forma individual o compuesta, todo lo existente viviente y no viviente posee su yo material o energético.

Cada cosa posee su DNI o yo como cosa más pequeña posible o como cosa compuesta. Y si esa cosa se descompusiera en trozos cada trozo tendría su DNI o yo como existencia individual o compuesta. Así hasta llegar a la descomposición más pequeña posible que también tendrá su DNI o yo como existencia dinámica más pequeña posible.

Únicamente las existencias dinámicas más pequeñas posibles poseen un yo eterno indivisible que no se puede transformar.

La existencia sólo se puede transformar como existencia compuesta, descomponiéndose y componiéndose; y cada vez que se descompone y se compone forman nuevos yos, aunque esos yos sólo puedan existir el más mínimo instante posible.

Por ejemplo: si construimos una casa esa casa adquirirá su yo como casa que es, y cada parte de la casa por mínima que sea también poseerá su yo. Si se derrumba la casa, ya la casa no existirá por lo tanto habrá desaparecido su yo, aunque cada trozo de la casa por mínimo que sea tendrán su yo hasta que esos trozos dejen de existir.

Esto es así porque el yo de cada cosa ocupa un lugar, si la casa deja de existir como casa ese lugar llamado casa dejará de existir por tanto dejará de ocupar un lugar, y eso mismo sucede con todo lo existente, ya sea energético, psíquico o físico, ya sea material o inmaterial, ya sea lo que sea.

 

El DNI y el yo como movimiento y tiempo

Cada vida posee su huella propia física, psíquica y energética (o sea su DNI o yo)  en cada mínima parte material, como prueba están las huellas dactilares.

Cada vida actúa de una forma única con su propio yo, como prueba está la escritura propia o firma particular.

Cada vida existe y se mueve de una forma muy particular porque cada vida es única y posee su propio movimiento con su correspondiente tiempo, que es su DNI y su yo propio,  adaptado al movimiento y el tiempo donde existen. Cada vida posee su forma de ser particular, su alma propia que es su propio DNI o yo.

El movimiento y su correspondiente tiempo está en todo lo existente, excepto en el espacio expansivo de materia y energía oscura que no posee movimiento ni tiempo porque se expande instantáneamente sin movimiento ni tiempo.  Con lo cual, exceptuando esos lugares referidos compuestos de existencias dinámicas repulsivas más pequeñas posibles, las cuales también poseen su yo como existencias más pequeñas posibles, todo lo demás posee su DNI o yo particular como existencia compuesta.

Y aunque no efectúen ningún movimiento, todo ser viviente desprende una energía viviente particular, un DNI o yo particular, ya que todos somos únicos e irrepetibles como yo.

Se pueden efectuar infinidades de copias exactamente iguales de cualquier cosa, por ejemplo: marcar infinidades de puntitos o rayas exactamente iguales, pero por muchos puntitos o rayas que se marquen exactamente iguales, no serán exactamente iguales porque cada puntito o raya ocupa su propio lugar, por tanto posee su propio DNI o yo.

Cada  energía de una vida, se mueva o esté quieta, le delata como vida, y en el caso de que la vida esté muerta esa energía le delatará como ser muerto, ya que éste desprenderá menos calor y energía que cuando estaba vivo.

Las energías de los seres vivos podrían ser detectadas por equipos apropiados detectores de calor y energía. Y al igual que los equipos detectores de imágenes podrían grabar imágenes en el tiempo. También con los medios adecuados se podrían grabar las energías particulares de las personas, incluso a través de paredes, a grandes distancias mediante satélites.

Eso permitiría poder identificar a todas las personas en el tiempo, a través de las paredes  y a grandes distancias.

Todos tenemos un GPS energético viviente particular que es nuestro DNI o yo.

Investigando en ello, estoy seguro de que podrían averiguar como localizar esos GPS humanos a distancia.

Y sería un medio muy eficaz para localizar delincuentes y evitar delitos.

Ya que se podrían localizar e identificar personas que hayan estado en el lugar de un crimen o de otra clase de delito.

El yo del alma y su evolución

Las almas poseen cada una un yo energético evolutivo destinado a evolucionar sin fin como acumulador de información.

Ya que evolucionar sin fin significa ser cada vez más, o sea adquirir cada vez más información.

Y como el universo es un orden, cualquier tipo de evolución que evolucione sin fin sólo puede evolucionar hacia el orden más perfecto, que equivale evolucionar hacia la justicia más justa.

Evolución que les permitió a las almas adoptar la capacidad de adquirir información sin fin y así poderla clasificar en grados positivos y negativos;  y en otras posibles clasificaciones con tendencia al orden.

De esa manera evolutiva de evolucionar hacia la justicia más justa esas energías que posibilitaron las vidas, se transformarían en alma al posibilitar las vidas, ya que sólo podían transformarse en alma a través de las vidas.

Cuando las almas posibilitaron evolutivamente la vida, indujeron a las vidas a evolucionar con sus correspondientes almas, lo que significaba que estas tendrían que evolucionar como enlace psíquico a través de esas materias vivientes.

Induciendo con ello a que  las vidas evolucionasen también sin fin a través de las almas.

Enlazándose el alma de cada vida muerta a otra recién nacida vida antes de naciese, y así la misma vida poder trasladarse mediante su correspondiente alma a otra vida. Ya que las vidas, no son únicamente una vida es el complemento alma-vida, en la que cada alma es la información evolutiva de cada vida.

Eso permitía una justa jerarquía de almas a través de un orden viviente controlado de manera psíquica por las propias almas.

No existe otra forma de evolucionar sin fin acumulando todo tipo de información que evolucionar  ordenando la información adecuadamente, tal y como lo efectúan las almas.

Gracias a esa tendencia evolutiva universal de acumular todo tipo de información ordenándose adecuadamente gracias a que todo es un orden.

Y sólo se puede ordenar la información adecuadamente ordenándola con justicia, o sea diferenciando el bien del mal, en el que no evolucionar debe ser representado por el mal, y el evolucionar por el bien; ya que evolucionar significa crear, construir, y todo lo positivo.

 

El alma es la propia vida

El alma es un yo evolutivo eterno, ya que es una energía evolutiva destinada a evolucionar cada vez más y sin fin, y existirá siempre.

La evolución viviente obligaba a las almas a no tener más remedio que evolucionar siempre, o sea sin fin, pero ese sin fin significaba también evolucionar como vida, ya que el fin evolutivo no posee metas.

Cuando las almas evolucionaron en la materia como vida, éstas materias vivientes adquirieron el alma o yo psíquico que las controlaba, pero había un inconveniente, la materia se desgastaba o dejaba de existir al transformarse continuamente en otros tipos de materias.

Por tanto las almas no podían permanecer eternamente en esas materias vivientes.

Con lo cual, las almas como energías que eran decidieron evolutivamente entrar y salir de manera psíquica energética en las materias vivientes a través de las reencarnaciones; pero deberían entrar y salir convenientemente, o sea entrar  antes de nacer una vida y salir cuando esa vida haya muerto.

Por tanto, las almas volverían a existir siempre como enlaces psíquicos enlazados a las nuevas recién nacidas materias vivientes; las cuales después de un evolutivo proceso viviente morían como materia, pero no como vida ya que las vidas eran las propias almas que al enlazarse psíquica y de manera energética en el psiquismo material lo transformaban en vida.

Entonces son las propias almas las que producen constantemente las vidas al enlazarse como energía de manera psíquica en la vida antes de que nazca la vida.

Poco a poco, las materias vivientes bajo el control psíquico energético de las almas fueron evolucionando como orden viviente inteligente. Y gracias a esa evolución, las almas evolucionaban también más.

Esa evolución material viviente ha permitido que las almas evolucionen como jerarquía, y que las vidas evolucionen mediante el bien y el mal lo más justamente posible, porque evolucionar sin fin es evolucionar hacia esos destinos, hacia la justicia más justa.

Como cada vida es un alma, de manera evolutiva cada vida como alma tendrá su puesto jerárquico evolutivo, ya que evolucionar no es evolucionar sin más, es evolucionar con justicia, hacia la mayor justicia posible. Porque de eso se trata, de evolucionar con orden y sin fin en un universo evolutivo como el nuestro.

Y las almas están destinadas a evolucionar sin fin, lo que significa evolucionar cada vez más hacia la justicia más justamente posible que nunca llegará a lograrse porque la absoluta justicia sólo existe en la nada. Al igual que nunca se terminará de evolucionar en una evolución sin fin, y por eso siempre existirá esa lucha sin fin.

Con lo cual, de manera científica, hay que comprender que una energía que posea la tendencia a evolucionar con orden y sin fin, ya que el universo es un orden y una evolución sin fin, evolucionará siempre acumulando todo tipo de información sin fin clasificándola con orden de la manera más evolutiva posible. Lo cual significa clasificar la información de la manera más justa posible, ya que evolucionar con orden es evolucionar hacia la perfección, o sea hacia la justicia.

Por tanto esa energía llamada alma, al evolucionar con orden y sin fin acabó evolucionando en la materia como energía, y así pudo transformarla en una materia viviente, la cual podrá evolucionar cada vez más al adquirir cada vez mayor información.

 

 

Autor: Salvador Sánchez Melgar

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